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Vizcarra: el entusiasta aprendiz de Alberto Fujimori

Bien decía Marx: “la historia se repite dos veces, primero como tragedia y luego como farsa”. Es claro que la receta que está siguiendo Martín Vizcarra es un calco de las maniobras construidas por Fujimori y Montesinos en la década de los 90. El objetivo sería lograr una continuidad en el poder del Presidente accesitario más allá del 28 de julio de 2021.

Fujimori no quería oposición democrática, así que cerró el Congreso, Vizcarra detesta la oposición democrática y amenaza con disolver el Parlamento. Fujimori intervino el Poder Judicial, el Tribunal de Garantías y el Ministerio Público, Vizcarra presenta al Congreso un ilegal proyecto de ley para “reorganizar el Ministerio Público”, declarándolo en emergencia. Pronto querrá controlar la elección de los 5 nuevos miembros del Tribunal Constitucional. Fujimori compró parlamentarios para construir una mayoría, Vizcarra ha empezado ese proceso teniendo como punta de lanza a Daniel Salaverry. Fujimori entronizó a Montesinos como el todopoderoso asesor en la sombra que lo controlaba todo, no rendía cuentas ante nadie. Hoy Vizcarra tiene asesores que nadie conoce y que no rinden cuentas ante nadie, pero tiene fundamentalmente a Gorriti de IDL, el estratega de la cacería judicial a los enemigos del Gobierno a través de sus fiscales marionetas Vela y Pérez.

Fujimori usó al servicio de inteligencia para tener a sus adversarios vigilados y atemorizados; hoy sabemos que Vizcarra no solo envía al servicio de inteligencia a chuponear y a espiar a líderes de la oposición como Alan García, sino que también han estado tras el Fiscal de la Nación.
Fujimori gobernó lesionando los intereses de los gremios de trabajadores, hoy Martin Vizcarra viene introduciendo una agenda de afectación a los derechos laborales, orientada hacia su flexibilización.
Fujimori compró los medios de comunicación con dinero en efectivo y clandestino; hoy Vizcarra a la vista de todo el mundo ha construido una cuasi unanimidad en la prensa con la contratación de avisaje estatal y la defensa que realizó de este mecanismo en las horas de la Ley Mulder. En ambos casos el disentir con el régimen equivale al linchamiento entusiasta en canales, radios y periódicos.

Cuando un show tan nauseabundo se pone en escena por segunda vez la gente tarda menos en reaccionar y condenar los excesos, en el caso de Fujimori demoraron ocho años y sólo fue posible por la aparición del vladivideo de Beto Kouri; hoy desde los actos preparatorios del Presidente para impulsar su hegemonía autoritaria veo muchos analistas, colectividades y ciudadanos denunciando el camino complejo que Vizcarra está tomando, no tardará mucho en que la gente empiece a reaccionar. Allí iniciará la caída del entusiasta aprendiz de dictador y su parodia de Rasputín, Gustavo Gorriti.

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