junio 16, 2021

¿Otra vez el fin mundo?

Una nueva profecía alerta de que el fin del mundo maya está previsto para el 21 de junio de 2020

En los últimos días se ha difundido por muchos medios y por las redes sociales la teoría de que el fin del mundo maya pronosticado en 2012 estaba mal calculado y que este realmente se dará este 21 de junio próximo. ¿Qué hay de cierto? ¿Por qué despierta tanto interés el fin del mundo?

Muchos autores, grupos y corrientes, con motivaciones que van desde lo espiritual y esotérico hasta lo comercial y el espectáculo, se han basado en esas supuestas profecías para poner una fecha al fin del mundo.

Por ejemplo cuando lo situaron en el año 2012, o bien para predecir un final catastrófico, con lo que concordarían datos como el calentamiento global o la alineación de determinados astros, o bien para vaticinar un cambio de época y de conciencia en la órbita de la espiritualidad de la Nueva Era.

Al igual que sucedió en torno al año 2000, los medios de comunicación se hicieron eco, normalmente de forma sensacionalista, de ese anuncio del fin del mundo. También tenía su faceta comercial y su lado sectario.

Se trata de un tema que siempre despierta interés, porque se unen varias cuestiones que preocupan al ser humano: el sentido y el fin de la historia, la espiritualidad, la ciencia y el progreso, la crisis ecológica, las civilizaciones antiguas, el esoterismo, etc.

Muchos hoteles y agencias turísticas han aprovechado el tirón para ofrecer productos relacionados con este final, y algunas marcas comerciales incluso han utilizado el tirón de este tema para la publicidad.

Además, algunas sectas y grupos esotéricos han recuperado viejas profecías, subiéndose al carro de esta nueva edición del fin del mundo, y mezclando el tema con asuntos tan dispares como la Biblia, Nostradamus, las apariciones marianas o los extraterrestres.

La preocupación de algunas personas puede ser aprovechada como caldo de cultivo para el acercamiento sectario, el proselitismo y la captación.

Siempre ha habido anuncios del fin del mundo. Si rastreamos la historia, observamos que muchos de ellos han tenido éxito en su recepción cuando se han dado en tiempos de crisis como el nuestro.

En este caso no se trata de un anuncio estrictamente religioso, ya que se “fabrican” vaticinios que puedan ser comunes a más personas en un mundo pluralista donde gran parte de Occidente está secularizada.

Para quien esté interesado en la historia (y en sus “enigmas”, tan de moda), podrá aludirse a civilizaciones como la maya o a herejías como los cátaros. Ni unos ni otros pueden confirmar estas atribuciones proféticas, porque ya no están.

Para las personas alejadas de los ambientes religiosos, el acento puede ponerse en una espiritualidad más difusa, o incluso en los datos que nos da la ciencia y en los avances tecnológicos.

Lo cierto es que la crisis económica global que estamos viviendo se revela aquí, completamente, como una crisis de sentido y una percepción más nítida en muchas personas de la debilidad de nuestras estructuras y de la vulnerabilidad de nuestra sociedad.

Y el hombre necesita certezas y seguridades. Pensar en un fin del mundo, sin embargo, no llama precisamente a la responsabilidad personal ni a la reacción solidaria, sino al “sálvese quien pueda” y, en último término, al fatalismo y la resignación.

Siempre ha habido anuncios del fin del mundo. Si rastreamos la historia, observamos que muchos de ellos han tenido éxito en su recepción cuando se han dado en tiempos de crisis como el nuestro.

En este caso no se trata de un anuncio estrictamente religioso, ya que se “fabrican” vaticinios que puedan ser comunes a más personas en un mundo pluralista donde gran parte de Occidente está secularizada.

Para quien esté interesado en la historia (y en sus “enigmas”, tan de moda), podrá aludirse a civilizaciones como la maya o a herejías como los cátaros. Ni unos ni otros pueden confirmar estas atribuciones proféticas, porque ya no están.

Para las personas alejadas de los ambientes religiosos, el acento puede ponerse en una espiritualidad más difusa, o incluso en los datos que nos da la ciencia y en los avances tecnológicos.

Lo cierto es que la crisis económica global que estamos viviendo se revela aquí, completamente, como una crisis de sentido y una percepción más nítida en muchas personas de la debilidad de nuestras estructuras y de la vulnerabilidad de nuestra sociedad.

Y el hombre necesita certezas y seguridades. Pensar en un fin del mundo, sin embargo, no llama precisamente a la responsabilidad personal ni a la reacción solidaria, sino al “sálvese quien pueda” y, en último término, al fatalismo y la resignación.

Referencias:

La NASA y el fin del mundo, por Luis Santamaría.

La Biblia cristiana termina con el libro del Apocalipsis o de la Revelación. En contra de lo que dice el imaginario colectivo, se trata de un libro que llama a la esperanza en tiempos de crisis.

El Apocalipsis es el libro de la esperanza, porque Jesucristo, que es el Señor de la historia y del universo, tiene a la Iglesia en su mano.

Es una llamada a la fidelidad a pesar de las adversidades, porque la última palabra la tiene Dios, y esa Palabra es Jesucristo, que ya ha vencido con su muerte y resurrección al mal, al pecado y a la muerte.

Jesucristo, el Salvador, aparece como el Cordero degollado, haciendo así una inversión de los valores del mundo. Con su sangre ha lavado a una multitud de personas, que son la Iglesia, la comunidad de los salvados en su nombre.

Por eso, en cierta manera, el fin del mundo ya ha sucedido. No podemos esperar nada más importante que el misterio pascual de Jesús: su muerte y resurrección.

Lo que queda al final –en un momento del que no podemos saber la fecha– es el juicio de Dios, el momento de la gran justicia y de la gran misericordia divinas.

Oxishot 100% Original
WhatsApp 943633888
Pedidos Cel. 917297889
Solicite al WhatsApp 917297889